Imagina a un búfalo avanzando en terrenos difíciles, sin detenerse, usando la fuerza de sus rodillas para seguir adelante. Esa es la imagen de la doble tracción, la capacidad de persistir cuando todo parece en contra. Así como el búfalo, nuestra vida, nuestra fe y nuestra visión necesitan ese impulso adicional que nos ayude a superar obstáculos y seguir avanzando.
Sin visión, una persona, una familia o una iglesia se estanca y pierde su propósito. Pero cuando la visión de Dios arde en nuestro corazón, nos impulsa más allá de nuestras limitaciones, nos llena de fuerza y nos da un propósito claro. Escribirla, declararla y vivirla nos llevará a lugares que nunca imaginamos.
Este mensaje es un llamado a activar la doble tracción en tu vida espiritual: a enfocarte en la visión que Dios tiene para ti, a romper barreras y avanzar con fe, pasión y determinación. ¿Estás listo para correr tras ella?

Sin visión, una iglesia, una nación o una persona se desorienta, se debilita y finalmente perece, quedándose sin propósito en esta tierra. La visión no es solo un sueño o un anhelo, es la dirección que nos impulsa, la claridad que nos guía y el fundamento sobre el cual construimos nuestras vidas.

Tener una visión no es suficiente, debemos escribirla y hacerla visible, para que cada día nos recuerde hacia dónde vamos. La visión es la brújula que nos orienta en tiempos de incertidumbre, la fuerza que nos impulsa cuando los desafíos aparecen y la esperanza que nos mantiene firmes cuando el camino se torna difícil.
Aunque la visión tarde en cumplirse, vendrá. Dios no pone sueños en nuestro corazón para dejarlos a la deriva; cada promesa tiene su tiempo, y nuestra tarea es mantenernos enfocados, perseverar y seguir avanzando.

Dios nos promete que nos dará visión, que nos llevará más allá de lo que somos hoy. Él no nos llama a vivir dentro de los márgenes de nuestra realidad, sino a mirar con ojos de fe y a caminar en la grandeza de su propósito.
Cada persona tiene una visión única, escrita por Dios mismo. No es un modelo genérico, sino un plan diseñado especialmente para cada uno de nosotros. Habacuc se gozaba en la visión de Dios, aun cuando no veía nada en lo natural, porque sabía que la palabra de Dios siempre se cumple en su tiempo perfecto.
No rebajes tus sueños para igualar tu realidad. Eleva tus creencias para igualar tu visión.

No basta con tener una visión; debemos escribirla, repetirla y traerla a la realidad a través de nuestra fe y nuestras palabras. Cuando te levantes por la mañana, declara bendición sobre tu hogar. Cuando te acuestes por la noche, proclama la dirección que quieres seguir. No dejes que las circunstancias dicten tu destino, usa el poder de la Palabra de Dios para marcar el camino.

¡Podemos ser profetas de nuestra propia vida y de nuestras generaciones!
Vivir con visión es vivir con intensidad, con pasión, con la certeza de que estamos cumpliendo un propósito mayor. Si aún no has encontrado tu visión, no te detengas. Lucha por ella, invierte tiempo en la oración, el estudio y la reflexión. Dios tiene algo grande reservado para ti, y descubrirlo transformará tu vida.

Nuestra visión como iglesia no se limita solo a conocer la salvación de Jesús, sino a vivir en la plenitud de la presencia del Espíritu Santo. Somos responsables de guardar y honrar esa presencia en nuestra vida diaria, avanzando hacia el propósito que Dios ha trazado para nosotros.
Pero seguir la visión no es fácil. Requiere compromiso, valentía y sacrificio. Sin embargo, es precisamente en ese desafío donde descubrimos nuestra autenticidad y nos convertimos en la élite del Espíritu Santo: aquellos que no se rinden, que no retroceden, sino que siguen adelante con fe inquebrantable.
El búfalo, a pesar de llevar grandes cargas y atravesar terrenos difíciles, usa la fuerza de sus rodillas para seguir avanzando. Esa es la doble tracción de la fe: cuando el camino se torna empinado y resbaladizo, nos arrodillamos en oración y seguimos adelante con la fuerza que solo Dios puede dar. Así es la vida de aquellos que caminan con visión: no se detienen, sino que confían en que Dios los impulsa hacia adelante.
Si no estás dispuesto al cambio, te quedarás estancado en una muerte silenciosa. Dios no nos creó para la rutina, sino para el progreso y el avance.
La visión te da un futuro prometedor:
- Te da un propósito en esta tierra.
- Te da alegría porque Dios puede usarte.
- Te da confianza. Una visión es una bendición, atrae fidelidad.
- Te da emoción, un deseo. Una energía sobrenatural para ver el impacto.
- Te da esperanza para el futuro sabiendo que Dios está bajo control.
- Te da pasión y gratitud.
- Te da intensidad y energía.
Dios te ha llamado a más que simplemente vivir… te ha llamado a dejar huella. No naciste para la rutina, sino para avanzar con propósito. Escribe tu visión, aférrate a ella y corre sin miedo.
Cuando el camino se torne difícil, dobla tus rodillas, levanta tu mirada y sigue adelante. La visión de Dios en ti es más grande que cualquier obstáculo.