El olivo es un árbol especial ya que es símbolo de vida, de resistencia y de propósito eterno. Su imagen atraviesa toda la Escritura como ejemplo de fidelidad y de fruto constante. En cualquier entorno y a pesar de todas las adversidades el olivo prospera, siempre renace porque su vida está anclada en sus raíces profundas. ¿Quieres ser mejor persona? Prosperar en todas las áreas, ser mejor esposo o esposa, mejor padre, empresario, amigo o trabajador. Aprende del olivo
Pase lo que pase siempre confía en el amor inagotable del Señor. Aprende de las cualidades del olivo.
1. Vitalidad que se desarrolla con paciencia.
La vitalidad es una cualidad de tener vida,por ende, el olivo es símbolo de vida. La primera cosecha del olivo se obtiene hasta sus 15 años de vida. Entendemos que, de igual forma, el fruto de la Iglesia no siempre es inmediato, sino que requiere tiempo, cuidado y paciencia. En las familias se le debe dar tiempo al cuidado de los hijos, ya que el fruto más valioso no nace rápido, sino que crece en el tiempo perfecto de Dios. La verdadera vitalidad se cultiva en secreto antes de verse en público. Como debe ser nuestra relación con el Señor, vamos primero a buscarlo en secreto. Esperar en Dios es prepararte para tener en un futuro un fruto abundante y duradero.
2. El olivo tiene la capacidad de polinizar a otros.
Tenemos la responsabilidad de ayudar a otros. Tu fe, tu servicio y tu testimonio son polen espiritual que tocan la vida de los demás. Cuando tú floreces contagias vida a los demás alrededor. Sé un canal de bendición.
3. El olivo debe ser podado para dar más fruto.
El olivo necesita podas constantes para fortalecerse y dar más fruto. Necesitamos que el Señor desarraigue todo lo que no está bien en nuestra vida, porque cada poda, aunque sea dolorosa, es un acto de amor y propósito. La poda no es rechazo, es preparación para multiplicar tu cosecha. Apártate de todo lo malo y permanece en Dios. El dolor de hoy es el secreto del fruto abundante de mañana, Dios corta lo que estorba no para herirte sino para que florezcas más, permite que el Señor trabaje en las áreas ocultas de tu vida.
4. Tiene la capacidad de renovarse tras el fuego.
Aunque el olivo sea cortado o quemado brota desde la raíz y refleja la capacidad de renovarse tras de pruebas y crisis. Ningún fuego es capaz de apagar la vida que Dios ha puesto en ti. El fuego no acaba con el que tiene raíces profundas. Si estás bien cimentado nada puede acabarte. Porque si la raíz está viva siempre habrá un nuevo comienzo. Recuerda que por más larga que sea la noche, siempre vendrá el amanecer. Agradece y sigue adelante. Después del fuego el fruto del olivo es aun más puro y fuerte. Son árboles longevos. No temas las pruebas, confía en tu raíz que es Cristo Jesús.
5. El olivo es inquebrantable en fidelidad y determinación.
El olivo puede crecer en cualquier condición. Debemos vivir firmes, constantes, determinados a vivir en la presencia de Dios sin importar las circunstancias y lo que se necesita es una fe inquebrantable. La fe firme florece en cualquier terreno y circunstancia. Para el olivo no hay negociaciones, pues su esencia es resistir aun en las peores condiciones. Donde otros se secan, el olivo sigue dando fruto. Sé constante, aun cuando todo sea adverso. No permitas que tu entorno determine tu fidelidad a Dios.
6. Injertados en el buen olivo.
En la naturaleza cuando se hacen injertos el fruto mejora.Por eso nuestros hijos deben ser mejores que nosotros. El injerto en Cristo se conecta a la savia de la vida eterna. Injertarse en Cristo significa unirse a él y hacerse parte de su vida y enseñanza, aceptar su fe y salvación. Al ser injertado recibimos la savia, la vida eterna y plenitud espiritual que Él ofrece. La raíz santa te hace una rama santa. La misericordia de Dios te hace parte de un propósito mayor que nosotros mismos. Es momento de reconocer que nuestra fuerza viene de la raíz que es Cristo Jesús, vive agradecido por haber sido injertado en el árbol bueno.
Seamos como un olivo en la casa de Dios, firmes en la fe, generosos en el fruto, renovados en pruebas, constantes en fidelidad y unidos a la raíz santa. Ahora es tiempo de renovar tu compromiso con el Señor, abrazar el proceso y multiplicar tu fruto. Sé como el olivo en la casa de Dios: firme, fructífero y renovado.







