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¿Tus emociones y pensamientos cambian constantemente dependiendo de las circunstancias externas?

Si te reconoces en alguna de estas situaciones, puede ser una señal de que tu identidad no está bien afirmada.

  1. Muestras una personalidad diferente según con quién te rodees.
    Si adaptas tu comportamiento dependiendo de las personas con las que estás, es posible que no estés viviendo de acuerdo con tu verdadera identidad, sino buscando la aceptación de los demá
  2. Dices una cosa a una persona y lo contrario a otra (actúas conforme a tus emociones).
    La incoherencia en lo que dices y haces, influenciada por tus emociones, refleja un corazón inestable y dividido.
  3. Te comportas de manera amable en público, pero de forma hostil en privado.
    Si tu comportamiento cambia según el contexto, podría tratarse de una personalidad de doble á
  4. Haces promesas que no tienes intención de cumplir.
    La falta de compromiso y la incapacidad de cumplir lo prometido. Las promesas vacías erosionan tu credibilidad y, a largo plazo, te alejan de tu propósito en Dios.
  5. Manipulas situaciones para tu beneficio cambiando tu comportamiento y pierdes el respeto por tu propia conciencia.
    Manipular para obtener un beneficio personal demuestra que no confías en el plan de Dios para tu vida. La manipulación socava la coherencia de tu carácter y destruye tu autenticidad, lo que provoca que te puedas quedar solo y no te crean nada.
“El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.”
Santiago 1:8
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Este verso nos habla sobre la inestabilidad de quienes no tienen una fe firme en Dios. Alguien de “doble ánimo” es aquella persona que vacila entre confiar plenamente en Dios y dejarse llevar por sus propias dudas o deseos. Esta falta de firmeza afecta todas las áreas de su vida, ya que no puede tomar decisiones claras ni seguir un camino recto. Este versículo nos enseña que la inconstancia y la falta de confianza en Dios nos llevan a vivir de manera errática y sin dirección, mientras que una fe sólida nos da estabilidad y claridad en nuestras decisiones.

¿Tienes una fe firme en momentos de calma, pero cuando llegan las dificultades tu fe se tambalea?

El verdadero desafío de la fe se pone a prueba en los momentos difíciles. Si tu fe vacila cuando enfrentas dificultades, es momento de fortalecerla y recordarte que tu identidad en Cristo te da una base firme. No se trata de la ausencia de dudas, sino de confiar en que Dios es fiel, incluso en medio de las pruebas.

La fe firme no depende de las circunstancias, sino de reconocer que nuestra identidad está en Cristo, quien no cambia y nos sostiene en todo momento

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio”
2 Timoteo 1:7
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Esta es la clave para vencer el doble animo el Señor nos da el dominio propio. A través del dominio propio, adquirimos inteligencia emocional, identidad y autodisciplina, lo que nos permite llevar una vida estable y con propósito. Cuando la fe gobierna nuestra mente, el miedo pierde su poder, y caminamos con seguridad, incluso sin ver el camino.

“Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo”
2 Timoteo 2:7
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Este versículo nos recuerda que, aunque podemos estudiar y reflexionar sobre lo que Dios desea enseñarnos, el verdadero entendimiento viene a través de la sabiduría que Él nos da. Esta sabiduría nos permite comprender y confiar en que Dios tiene el control de todo lo que estamos viviendo. No se trata de saberlo todo, sino de confiar en Él.

En un mundo lleno de incertidumbre, donde el miedo y la duda intentan nublar nuestra visión, Dios nos llama a caminar con firmeza. No nos ha dado un espíritu de temor, sino de poder, amor y dominio propio. No estamos solos en este viaje; su verdad es la brújula que nos guía, su amor es el refugio que nos protege, y su poder es la fuerza que nos sostiene.

La fe no significa tener todas las respuestas, sino confiar en Aquel que las tiene. Cuando nos aferramos a Dios, aprendemos que la estabilidad no depende de las circunstancias, sino de la certeza de que Él nunca nos abandona. La autodisciplina y el dominio propio nos permiten avanzar sin titubeos, con una mente en paz y un corazón decidido.

Hoy es el día para soltar el miedo y abrazar la fe. Es el momento de caminar con confianza, sabiendo que, aunque no veamos el camino, si Dios está con nosotros, jamás tropezaremos. La verdadera libertad comienza cuando dejamos de dudar y nos rendimos completamente a su amor.

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