Become A Donor

Become A Donor
Lorem Ipsum is simply dummy text of the printing and typesetting industry.

Contact Info

684 West College St. Sun City, United States America, 064781.

(+55) 654 - 545 - 1235

info@zegen.com

Latest Posts

No siempre nos alejamos de Dios dejando de congregarnos; muchas veces seguimos haciendo las mismas obras, pero ya no las hacemos por amor.

Cuando Dios deja de ser el motivo principal, la vida cristiana se desgasta en una cadena progresiva:

  1. La pasión se convierte en rutina. Lo que antes era un deleite, ahora es solo una tarea en el calendario.
  2. La rutina se transforma en religiosidad. Cumplimos con formas externas sin una vivencia interna.
  3. La religiosidad termina en hipocresía. Mantenemos una apariencia para los demás, mientras la intimidad con Dios ya no existe.

Jesús le habló directamente a una comunidad que sufría este mismo problema: la iglesia de Éfeso en Apocalipsis. Era una iglesia admirable en muchos aspectos, pero en medio de tanta actividad había olvidado lo fundamental: su primer amor.

Esta conferencia, nos recuerda que la madurez espiritual no se mide por la cantidad de tareas que realizamos para Dios, sino por el nivel de intimidad y sinceridad con el que buscamos su Presencia.

“Anda y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada.”
Jeremías 2:2
RVR60

1. El primer amor es una relación, no una religión.

Dios compara su relación con Israel con la etapa de un noviazgo. Piensa en cómo actúa alguien que está profundamente enamorado: no hay que obligarlo, perseguirlo ni convencerlo; su único deseo es estar cerca de la persona que ama. Así eran los inicios de Israel. No seguían a Dios por deber, sino por amor. Incluso el desierto les parecía hermoso simplemente porque Dios caminaba a su lado. El amor hacía ligero el camino.

Al reflexionar en este verso, surgen las siguientes preguntas: 

  • ¿Cómo fueron tus primeros días cuando conociste a Cristo?
  • ¿Orabas de forma espontánea, sin que nadie te lo pidiera?
  • ¿Leías la Biblia movido por el deseo genuino de conocerle?
  • ¿Cantabas con entusiasmo y adorabas con lágrimas en los ojos?
  • ¿El tiempo pasaba sin importar la duración de la reunión?
  • ¿Servías con el único propósito de amar a Jesús, no para ser visto?

El peligro no radica en el momento en que dejamos de servir, sino en el instante en que dejamos de amar.

“Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.”
Apocalipsis 2:2-5
RVR60

2. El primer amor puede ser sustituido por actividad

En estos versos encontramos un detalle impresionante: Jesús nunca le reprochó a la iglesia de Éfeso la falta de trabajo. Al contrario, elogió sus obras, su arduo trabajo, su paciencia, su doctrina y su perseverancia. En la superficie, la organización funcionaba a la perfección, pero en el fondo había algo muerto: el amor. Esto demuestra que es totalmente posible seguir trabajando para Dios mientras nuestro corazón se distancia de Él.

El verdadero peligro:

  1. La actividad nunca sustituye a la intimidad.
  2. Los ministerios no reemplazan la comunión.
  3. La doctrina no sustituye a la pasión.
  4. La disciplina no reemplaza al amor verdadero.
  5. Una iglesia puede estar llena de actividades y vacía de adoración. 
  6. Una persona puede tener agenda llena y corazón vacío. 

Cuando Jesús confronta a Éfeso diciendo: «Tengo contra ti…», no señala su doctrina ni su ministerio, sino el abandono de su pasión inicial.

Dejar el primer amor no ocurre de la noche a la mañana; es una decisión progresiva. Empieza el día que dejas de orar, continúa cuando lees menos la Biblia, se profundiza al dejar de disfrutar la adoración y culmina sirviendo por simple costumbre. Sin darte cuenta, sigues en la iglesia, pero ya no estás enamorado.

Frente a esta realidad, Jesús nos da un camino de restauración en tres pasos:

  1. Recuerda: Trae a la memoria de dónde te sacó Dios, cómo te quebrantaba su Presencia. Nunca olvides tu comienzo.
  2. Arrepiéntete: No se trata de arrastrar culpa, sino de cambiar de dirección guiado por el Espíritu Santo para reconocer: «Señor, he hecho tu obra, pero descuidé tu presencia».
  3. Haz las primeras obras: Vuelve a buscarlo, orar y servir con la motivación correcta. Los sentimientos correctos regresan cuando la obediencia vuelve.

 

Si ignoramos este llamado y seguimos sirviendo sin amar, caeremos en el terreno de la religiosidad, y la religiosidad inevitablemente engendra hipocresía.

“En esto, juntándose por millares la multitud, tanto que unos a otros se atropellaban, comenzó a decir a sus discípulos, primeramente: Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. Porque nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas.”
Lucas 12:1-3
RVR60

3. Cuando se apaga el amor, aparece la máscara.

Jesús nos advierte sobre la levadura de los fariseos, que es la hipocresía. La palabra hipócrita proviene del teatro griego y se refería a los actores que interpretaban un papel usando una máscara. Sin embargo, el verdadero creyente tiene un solo rostro.

¿Por qué Jesús usa la metáfora de la levadura? Porque nadie nota el momento exacto en que empieza a actuar; crece de manera silenciosa y poco a poco. De la misma forma, la hipocresía no aparece de la noche a la mañana: comienza en el instante en que dejamos de cuidar el corazón. Seguimos sonriendo, cantando y manteniendo las apariencias, pero ya no vivimos lo que predicamos.

Esa es la definición exacta de un religioso:

  1. Habla de Dios, pero no vive en comunión con Él.
  2. Conoce los versículos, pero no conoce al Autor.
  3. Mantiene la apariencia externa, pero ha perdido la presencia interna.

Jesús dijo: «Todo será descubierto, todo saldrá a la luz». Delante de Dios no existe el maquillaje espiritual. Podremos impresionar a las personas con nuestro servicio o nuestras palabras, pero jamás podremos engañar al Señor, porque Él mira directamente al corazón.

El problema nunca ha sido la falta de trabajo, sino la falta de amor. La historia nos deja una lección clara: Israel comenzó enamorado, la iglesia de Éfeso terminó trabajando por inercia y los fariseos terminaron aparentando lo que ya no sentían. Cuando el amor decae, el proceso de enfriamiento es inevitable:

Primero se pierde el primer amor, lo que transforma la entrega en una simple rutina. Esta inercia produce religiosidad y, cuando intentamos sostener las apariencias de algo que ya no sentimos, la religiosidad inevitablemente desemboca en hipocresía.

Sin embargo, el mensaje central de esta prédica no es de condenación, sino de esperanza. Dios no está buscando creyentes impecables ni agendas repletas de actividades; está buscando hijos que vuelvan a enamorarse de Él. Hoy el Espíritu Santo no nos examina por cuánto hacemos, sino por cuánto le amamos.

Tal vez sigues asistiendo, sirviendo o predicando como siempre, pero hace tiempo que dejaste de disfrutar la presencia de Cristo. Si la costumbre se ha convertido en tu mayor enemigo, recuerda que la invitación de Jesús permanece firme y abierta para ti hoy: «Vuelve a tu primer amor».

“El peor enemigo del cristiano no siempre es el pecado; muchas veces es la costumbre. Porque cuando la costumbre reemplaza al amor, la adoración se convierte en rutina, la rutina en religiosidad y la religiosidad en hipocresía.”

CUANDO EL PRIMER AMOR SE APAGA
Comparte nuestra conferencia:

Más conferencias