Hay algo que no puedes olvidar: tus palabras tienen poder. Hoy te reto a que no solo leas las promesas de Dios, sino prepárate para declarar y que tu fe sea aumentada.
¿Tú crees? ¿Confías en Dios? ¡Entonces debes hablar! Lo que hablas debe reflejar tu confianza en el Señor. El siervo de Dios llega a ser fructífero a medida que se manifiesta en su vida la muerte de Cristo, y su actitud es una de quien ha muerto a sus propios deseos.
Cuando hablas lo que Dios dice, activas su poder en tu vida. ¡Prepárate para hablar vida, bendición y propósito!
1. Bendecidos como hijos de Dios.
Eres hijo amado, heredero de todas las bendiciones, no eres esclavo ni huérfano, ¡eres hijo del Rey!
Hoy declara:
Declaro que soy hijo de Dios y estoy cubierto con su gracia, declaro que donde yo entro entra la bendición de Dios conmigo; que de donde yo salgo voy protegido y prosperado. Mi casa y mi familia están bendecidas, cada puerta que abro trae bendición y propósito. Ninguna maldición puede tocarme porque soy heredero de su bendición.
Declaro que soy hijo de Dios, que soy bendito y donde piso dejo huellas de bendición. Mi identidad como hijo me cubre de gracia y favor donde quiera que yo voy, ninguna maldición me toca porque la bendición de mi padre me protege.
2. Promesa de provisión y abundancia.
Dios va a suplir toda necesidad, no te va a dar de manera limitada, nunca te va a faltar nada. Su provisión no depende de la economía del mundo, y tu provisión debe depender de Dios.
Hoy declara:
Declaro que mi Dios es proveedor de mi familia, de mi casa, de mi iglesia. A mi familia y a mí no nos faltará nada. Dios suplirá toda necesidad espiritual, material y emocional de ahora en adelante. Declaro puertas de empleo y oportunidades abiertas. Un mejor empleo, mejores ganancias. Declaro abundancia para sembrar y ayudar a otros. Que las deudas son canceladas en el nombre de Jesús, y la provisión llega. Declaro que el cielo se abre sobre mi casa, sobre mi iglesia, sobre mi trabajo, sobre mis negocios. La abundancia de Dios rebosa en mí.
Declaro que mi mesa siempre estará llena y tendré en abundancia porque Dios es mi proveedor. De ahora en adelante iré de gloria en gloria, de triunfo en triunfo.
3. Promesa de fortaleza y victoria.
Dios nos da la fuerza en las debilidades. Cuando ya no puedas más, en tu debilidad Dios te fortalece. Y recuerda que no peleas solo, no estás solo. Dios está contigo, porque su poder se perfecciona en nuestra debilidad. Quita tu orgullo y reconoce que hay cosas que tú no puedes solo. Pero siempre recuerda que Dios y tú ¡son mayoría!
Hoy declara:
Declaro que soy fuerte y valiente, ningún gigante que enfrente me podrá vencer, declaro que cada batalla que pelee estará ganada en Cristo Jesús. Declaro que mi mente es renovada y transformada, que tengo mente de diamante, llena de fortaleza sobrenatural. Declaro que toda enfermedad, toda ansiedad, depresión es quitada en el nombre de Jesús. Que el desánimo se va de mi vida.
Cada batalla que enfrento ya está ganada. Me levanto con nueva energía y determinación. Me levantaré transformado, lleno de fuerza y energía. ¡No me voy a rendir! Seguiré adelante, porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece, voy a avanzar y cada paso será una conquista. Cada obstáculo se convierte en un escalón porque Cristo me da la victoria. Mi fuerza no viene de mí, sino del poder infinito de Jesús.
4. Promesa de paz sobrenatural.
La paz de Dios no depende de las circunstancias, es un regalo divino que protege nuestra mente y corazón. No es la paz que el mundo da. Es sobrenatural. Quizá has recibido un diagnóstico de muerte, o te han dicho una y otra vez tus fallas, y eso te tiene intranquilo. Deja que la paz de Dios guarde tu corazón. Quizá es un proceso duro el que estás pasando y nadie lo puede entender. Con quien tienes que ir es con nuestro Señor Jesús, y tendrás la paz de Dios que no depende de las circunstancias y que va a proteger tu corazón y pensamientos.
Hoy declara:
Declaro que la paz de Dios reina en mi hogar y en mi corazón, el estrés y la ansiedad se van de mí en el nombre de Jesús. Declaro que dormiré en paz y me levantaré renovado. Mi mente está libre de pensamientos negativos y tormentosos, cada decisión la tomaré con la guía y la paz de Dios.
Declaro que mi familia vive en armonía y unidad. Que todo chisme y habladuría se acaba, y vamos a poder estar en paz. Declaro que no seré movido por malas noticias porque mi confianza está en Dios. Nada ni nadie robará mi paz, soy guardado en la calma divina, en medio de la tormenta mi alma reposa en el brazo de su paz. Mientras el mundo se inquieta yo reposo en la paz que sobre pasa todo entendimiento.
5. Promesa de planes de bien y esperanza.
Si en tu mente había desesperanza, déjalo porque Dios siempre tiene un plan mejor para ti. Su propósito es bueno y lleno de esperanza. El pasado quedó atrás, ¡extiéndete hacia lo que viene!
Hoy declara:
Yo declaro que Dios tiene un futuro brillante para mí, que mis sueños se alinean con los planes de Dios, que lo que el enemigo quiso usar para mal Dios lo transforma en bien. Que mi familia tiene un destino bendecido y lleno de propósito, que nuevos planes y oportunidades vienen para mí. Que cada día me impulsará hacia un mayor crecimiento. Declaro que mi final será mejor que mi principio.
Viviré una vida plena, fructífera y llena de un propósito eterno. Declaro que mi futuro está asegurado, y lo que hoy parece incierto mañana será testimonio de su fidelidad. Mi historia terminará en victoria porque Dios escribe cada capítulo con amor y propósito.
Dios quiere que no solo escuches su Palabra, sino que la declares y la vivas.
¡Vamos, haz una última declaración y prepárate para vivir la bendición de Dios!
Hoy declaro que soy bendecido, que soy provisto, que soy fuerte y vencedor, que vivo en paz y que mi futuro ¡está lleno de esperanza!
Cree y habla, declara lo que Dios ha dicho y verás lo que ha prometido.







