En medio de tu problema, de tu necesidad, de las situaciones que vives pregúntate honestamente ¿Te hace falta humildad? Quizá esa es la razón por la que no has visto respuestas. Conozcamos la historia de Naamán y lo que hizo para tener la victoria.
Actualmente existen millones de personas con enfermedades mortales. Naamán estaba enfermo de lepra, una terrible enfermedad de su tiempo, pero en un instante fue sanado. ¿Qué hizo Naamán? ¿Cuál fue la medicina?
- Naamán buscó a Dios. No busques otras soluciones, consulta a Dios. La Biblia nos insta a buscar a Dios mientras pueda ser hallado.
- Obedeció a la voz del profeta. Cuando vas a consejería asegúrate de obedecer pues la obediencia glorifica a Dios (Hebreos 13:17)
- Fue humilde. Sin humildad no hay obediencia. Debemos ser humildes no importa cuál sea nuestra posición. La humildad debe ser un estilo de vida en nosotros.
- Tuvo fe en Dios. Naamán creyó a la voz del profeta, y quizá no quería, pero creyó. La fe es indispensable para recibir sanidad. Jesús sanó a muchos (Mateo 15:28) y aun los apóstoles hicieron sanidades, porque la gente creía.
Estas son las 7 zambullidas de la victoria de Naamán:
1. La zambullida de la humillación.
Naamán no solo se zambulló en el Jordán, se zambulló en un proceso divino que quebró su orgullo, activó su fe y lo llevó a la restauración total. Si quieres ser restaurado, tu orgullo debe se quebrantado primero.
Naamán se ofendió porque Eliseo ni siquiera salió a recibirlo, ya que Naamán era muy importante para Siria. Esperaba un trato acorde a su rango militar. Esa fue una prueba de humildad. ¿Hace cuánto tiempo que no te rindes ante Dios? Eso impide que recibas tu sanidad, tu milagro. Dios te pide primero que te rindas.
Naamán se zambulló en el trato de Dios con su alma. Lo que Dios quiere no es tu rango, es tu rendición. No es el río, es el quebranto, es la obediencia.
Dios no sana lo que el orgullo esconde. Solo humillándote puedes empezar a sanar, porque no hay nada imposible para Dios.
2. La zambullida del quebrantamiento del orgullo.
Naamán empezó a cuestionar, pensaba que los ríos de su país eran mejores. En ese momento debía dejar su ego y quebrar su autosuficiencia. El milagro empieza donde termina el ego (1 Samuel 2:3).
No hay sanidad completa sin un corazón quebrantado.
3. La zambullida de la fe.
Naamán quería ver señales y quizá espectáculo, pero Eliseo solo le dio una orden: ve y lávate. En el proceso Naamán tuvo que elegir creer en la palabra del profeta sin ver nada aún. Quizá estás en un punto del proceso donde nadie te entiende, pero es tu proceso. Y es en este proceso en el que te zambulles como Naamán, y es aquí donde eliges seguir adelante creyendo, quizá sin guía y sin saber qué hacer. La fe no exige explicaciones, solo da pasos hacia el milagro.
Solo la poderosa mano de Dios es la que te va a sacar del problema. Cuando aun no lo ves, necesitamos dar pasos de obediencia. Necesitamos accionarnos.
4. La zambullida de la obediencia.
Naamán accedió a hacer lo que parecía ridículo, porque esto puede ser la llave del cielo. Obedecer sin entender es honrar a Dios que todo lo entiende.
1 Samuel 15:22, Hebreos 13:17, 2 Corintios 9:13.
Cuando estamos más necesitados buscamos a Dios, pero cuando Dios nos bendice tendemos a olvidarnos. Debemos dejar de hacerlo así, necesitamos ser constantes en nuestra búsqueda y rendición.
5. La zambullida de la restauración.
Después de humillarse, obedecer y tener fe Naamán fue completamente restaurado.
Más allá de la sanidad física, su alma fue tocada por Dios, ahora lo físico venía a ser secundario. Porque el Señor no solo te sana, te restaura todo lo que perdiste.
Cuando tienes un encuentro con Dios no solo tu cuerpo es restaurado, tu alma también lo será. Cuando te rindes al Señor, todo empieza a cambiar. Cada zambullida en el río fue una herida que sanó, un trauma que soltó y un futuro que volvió. Tendrás propósito y destino en esta vida.
Dios transforma la lepra del alma en la pureza de un nuevo comienzo. Pero tienes que sumergirte en su presencia.
6. La zambullida de la gratitud.
Naamán reconoció que solo Dios le había dado el milagro.
El agradecimiento te habla del corazón de cada persona. Nunca olvides dar gracias a Dios. Da gracias en todo. El verdadero milagro no termina con la sanidad, sino cuando nace un corazón agradecido. El agradecido convierte su vida en adoración.
7. La zambullida de la adoración.
Ahí entendió Naamán que Dios no solo era el Dios de Israel, se rindió por completo y decidió adorarlo solo a Él. Esta fue la zambullida más profunda, la del alma que reconoce al único Dios verdadero.
La meta del milagro no es tu bienestar, es tu rendición. Naamán no regresó con oro, regresó con adoración. Cuando entiendes quién te tocó no vuelves igual, vuelves en adoración.
Cada zambullida fue más que física, era el toque de Dios sobre él. Es tiempo de dejar que Dios limpie y restaure, solo atrévete a creer y obedecer. Naamán fue sanado porque buscó a Dios con sinceridad, obedeció la voz del profeta, fue humilde y vio el milagro en su vida.







