Este domingo celebramos el Día del Padre y para muchos puede ser un día de celebración y agradecimiento, pero para otros puede ser uno que recuerda heridas: un padre que se fue, que no estuvo presente, que partió demasiado pronto. Pero hoy quisiéramos que levantes tu mirada más allá de tu experiencia terrenal, porque hay un Padre que no te falla, que no te abandona. Y quizá tú no tuviste un buen padre, pero hoy puedes tener un Padre Bueno.
Considera los siguientes puntos:
1. Aunque me hayan abandonado, Dios me recogió.
Aunque te hayan abandonado o hayas sufrido rechazo, debes saber que el Señor te va a abrazar y recoger. Él no te dejará, aunque sientas que traigas todo el peso del mundo.
El amor de tus padres es el mayor afecto natural que existe, y si tú tienes aun a tus hijos pequeños, no dejes pasar la oportunidad de mostrarles tu amor, darles tu guianza. Papá, es momento de que tomes tu rol como tal, ama a tu familia y guíala.
Si ese amor natural te llega a fallar, ¿en quién podemos confiar? En nuestro Padre celestial. Siempre podremos voltear a Él y decir aunque mis padres me hayan abandonado, tú me recogerás. Y la palabra original implica no solo recoger, sino acoger con ternura, abrazar y reunir. Nos hace falta este amor.
Cuando no tenemos el amor de Dios vivimos desprotegidos, pero cuando estás con Dios Él te cubre con su misma presencia. No importa quién te dejó, cuando el abrazo humano faltó en tu día, el cielo abrió sus brazos para decirte que para Dios eres lo más importante. Aférrate al amor del Padre celestial.
2. No eres huérfano, eres suyo.
Donde tú vayas, Dios está contigo. Debes saber eso por cierto siempre.
Como Iglesia, como persona quizá te sientes a la deriva. Pero recuerda que Jesús siempre está contigo, no te va a abandonar, siempre se va a quedar. Y lo hace a través del Espíritu Santo.
Cuando Jesús dijo a sus discípulos vendré, usó una palabra que está en un tiempo que indica una acción constante, que no está limitada a un tiempo, ni se trata de un solo evento, sino que transcurre una y otra vez. Así que podemos confiar que el consuelo y compañía de Dios estarían con nosotros una y otra vez.
El mundo te puede hacer sentir como huérfano, pero el Padre te llama suyo.
3. Cuando estás con Dios no eres más un esclavo.
Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!
Ya no somos esclavos. El espíritu de esclavitud vive en temor, en ansiedad y depresión. Un esclavo obedece por miedo al castigo. Un hijo obedece por una relación de intimidad con su Padre. El espíritu de adopción vive en la confianza y el amor. Abraza esta identidad que el Señor te ofrece para que puedas vivir como hijo.
Cuando eres hijo amado, no solo eres perdonado, eres heredero y por eso puedes clamar ¡Abba Padre! Que es una expresión aramea que denota intimidad y confianza, cercanía.
4. El Padre que moldea.
Somos hijos, pero también somos barro en manos del alfarero. Y no tenemos derecho a cuestionar al alfarero, porque cada vez que el barro se deforma, el alfarero vuelve a moldearlo para lo que tiene planeado. Así nosotros cuando fallamos, el Padre no nos rechaza, nos vuelve a abrazar con ternura y nos forma.
Dios no desecha lo que está roto, lo rediseña con amor, solo corre a los brazos del Señor. Eres barro con destino, y puedes descubrir tu propósito en Dios. Hoy es el día de que sea formada la mejor versión de ti. Es tiempo de volver tu rostro al cielo y decir ¡Abba Padre!







