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El perdón y el amor son valores fundamentales en la vida cristiana, reflejando el carácter de Jesús en cada acción y decisión. Este mensaje busca transformar tu corazón y motivarte a vivir conforme el ejemplo de Cristo, dejando atrás el resentimiento y adoptando una actitud de compasión y misericordia.

“Pues Dios se complace cuando ustedes, siendo conscientes de su voluntad, sufren con paciencia cuando reciben un trato injusto. Es obvio que no hay mérito en ser paciente si a uno lo golpean por haber actuado mal, pero si sufren por hacer el bien y lo soportan con paciencia, Dios se agrada de ustedes. Pues Dios los llamó a hacer lo bueno, aunque eso signifique que tengan que sufrir, tal como Cristo sufrió por ustedes. Él es su ejemplo, y deben seguir sus pasos. Él nunca pecó y jamás engañó a nadie. No respondía cuando lo insultaban ni amenazaba con vengarse cuando sufría. Dejaba su causa en manos de Dios, quien siempre juzga con justicia. Él mismo cargó nuestros pecados sobre su cuerpo en la cruz, para que nosotros podamos estar muertos al pecado y vivir para lo que es recto. Por sus heridas, ustedes son sanados.”
1 Pedro 2:19-24
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Jesús es el máximo ejemplo de amor y perdón. A pesar de haber sido insultado y crucificado, no respondió con violencia ni venganza, sino que confió su causa a Dios. Su sacrificio en la cruz fue por todos, sin distinción, demostrando un amor incondicional.

Así como Jesús nos ha perdonado, tú puedes perdonar a esa persona que tanto daño te ha hecho. Aprende a perdonar con facilidad.

“No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar. Entonces aprenderán a conocer la voluntad de Dios para ustedes, la cual es buena, agradable y perfecta.”
Romanos 12:2
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El perdón no es opcional, sino un mandato. Es fundamental no amoldarse a las actitudes del mundo, sino renovar la manera de pensar para reflejar la voluntad de Dios. Así como Jesús perdonó, nosotros estamos llamados a manifestar ese perdón en nuestras relaciones.

“Llorando de alegría, José abrazó a Benjamín, y Benjamín hizo lo mismo. Luego José besó a cada uno de sus hermanos y lloró sobre ellos, y después comenzaron a hablar libremente con él.”
Génesis 45:14-15
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A pesar de haber sido traicionado y vendido como esclavo, José no guardó rencor ni buscó venganza. En cambio, cuando tuvo la oportunidad de enfrentarse a sus hermanos, los abrazó con amor y los consoló con lágrimas, demostrando que su corazón estaba libre de amargura.

Su perdón no fue superficial ni condicionado, sino un reflejo del amor y la gracia de Dios. De la misma manera, se nos llama a perdonar con sinceridad, dejando atrás el dolor del pasado y restaurando nuestras relaciones a través de la reconciliación.

"Pero si vivimos en la luz, así como Dios vive en la luz, nos mantendremos unidos como hermanos y Dios perdonará nuestros pecados por medio de la sangre de su Hijo Jesús. "
1 Juan 1:7
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Muchas veces nos apartamos de esta verdad, asumiendo el papel de jueces en lugar de hermanos.

En lugar de examinar nuestro propio corazón y transformar nuestra actitud, nos enfocamos en señalar las fallas ajenas, olvidando que somos miembros de un mismo cuerpo en Cristo. Dios no nos llamó a dividir, sino a vivir en unidad, reflejando su amor y gracia.

“Hermanos en Cristo, no les estoy dando un mandamiento nuevo. Les estoy repitiendo un mandamiento muy antiguo, que ustedes ya conocen: se trata del mismo mandamiento que Dios les dio desde el principio. Sin embargo, esto que les escribo es un mandamiento nuevo, y ya saben lo que significa, como también Cristo lo sabe. Él es la luz verdadera, que brilla cada vez más fuerte, y que hace que la oscuridad vaya disminuyendo. Si alguno dice que vive en la luz, pero odia a otro miembro de la iglesia , en realidad vive en una gran oscuridad. El que ama a los demás, vive bajo la brillante luz de Dios y no causa ningún problema a los de su iglesia. Pero el que odia a otro cristiano, vive en la oscuridad y no sabe a dónde va, porque la oscuridad lo ha dejado ciego.”
1 Juan 2:7-11
TLA

Cuando nuestro corazón se enfría y dejamos que la rutina, el orgullo o las heridas nos consuman, ese amor que antes ardía con intensidad comienza a desvanecerse. Por eso, es fundamental renovarlo.

Si realmente queremos ser un reflejo de Jesús, no basta con palabras o emociones.. Debemos demostrarlo a través de nuestras acciones, pues de lo contrario, nos engañamos a nosotros mismos y vivimos en oscuridad. No podemos decir que estamos en la luz si seguimos teniendo odio, rencor o indiferencia en nuestro corazón.

Jesús ama, perdona y es misericordioso. ¿Lo eres tú?

“Este es el mensaje que ustedes han oído desde el principio: que nos amemos unos a otros. No debemos ser como Caín, quien pertenecía al maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué lo mató? Porque Caín hacía lo malo y su hermano lo recto. Así que, amados hermanos, no se sorprendan si el mundo los odia. Si amamos a nuestros hermanos creyentes, eso demuestra que hemos pasado de muerte a vida; pero el que no tiene amor sigue muerto. Todo el que odia a un hermano, en el fondo de su corazón es un asesino, y ustedes saben que ningún asesino tiene la vida eterna en él. Conocemos lo que es el amor verdadero, porque Jesús entregó su vida por nosotros. De manera que nosotros también tenemos que dar la vida por nuestros hermanos. Si alguien tiene suficiente dinero para vivir bien y ve a un hermano en necesidad pero no le muestra compasión, ¿cómo puede estar el amor de Dios en esa persona? Queridos hijos, que nuestro amor no quede solo en palabras; mostremos la verdad por medio de nuestras acciones. Nuestras acciones demostrarán que pertenecemos a la verdad, entonces estaremos confiados cuando estemos delante de Dios.”
1 Juan 3:11-19
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Desde el principio, Dios nos ha llamado a amarnos unos a otros, pero muchas veces elegimos obedecer solo lo que nos conviene, dejando a un lado lo que realmente agrada a Dios. 

Guardar odio en nuestro corazón es lo mismo que ser un asesino, pues el resentimiento y la falta de perdón nos separan de la vida eterna que Dios nos ofrece. No podemos llamarnos hijos de Dios si no reflejamos Su amor en nuestras acciones. 

Jesús nos amó sin condiciones, con facilidad y sin reservas. Si Él no te hubiera amado con facilidad, hoy no estarías aquí. No fue su conveniencia lo que lo llevó a la cruz, sino su amor genuino, y es ese mismo amor el que debemos reflejar en nuestra vida diaria

Es tiempo de dejar de ser una iglesia terrenal, marcada por la falta de perdón, y convertirnos en una iglesia celestial, una que ama y perdona con facilidad, como lo hizo Jesús. No podemos seguir actuando como jueces de los demás mientras descuidamos nuestro propio corazón. Es momento de reflejar verdaderamente a Cristo, mostrando misericordia, restaurando nuestras relaciones y caminando en la luz.

SÉ COMO JESÚS (PERDONA Y AMA)
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