
No importa quiénes seamos, de dónde vengamos o cuáles hayan sido nuestras experiencias pasadas, tenemos la oportunidad de convertirnos en hijos de Dios si recibimos a Cristo y creemos en su nombre. Esta no es solo una etiqueta o un título, sino una realidad espiritual que cambia nuestra identidad por completo.
Al recibir a Jesús, somos adoptados en la familia de Dios. Ya no somos extraños ni forasteros, sino que somos llamados herederos de su reino. Esto significa que tenemos acceso a Su amor, cuidado, provisión y dirección. También implica que somos transformados desde adentro hacia afuera para reflejar Su carácter y cumplir Su propósito en nuestras vidas.
Acciónate:
- Reconoce tu identidad: Si has recibido a Cristo, recuerda que eres un hijo de Dios. Esto significa que no estás solo ni abandonado, porque tienes un Padre celestial que te ama y cuida de ti.
- Camina con confianza: Como hijo de Dios, tienes autoridad espiritual y acceso a las promesas de su Palabra. Vive con fe y valentía, sabiendo que Él está contigo en cada paso.
Oración:
Señor, gracias por darme el privilegio de ser llamado tu hijo. Ayúdame a vivir de acuerdo con esta identidad, reflejando Tu amor y gracia en todo lo que hago. Fortalece mi fe para caminar con confianza, y dame valentía para invitar a otros a recibir este maravilloso regalo. En el nombre de Jesús, Amén.